
Janusz Korczak -médico, escritor y educador-, seudónimo de Henryk Goldszmit, nació en Varsovia en 1878, en el seno de una familia de origen judío asimilada a la cultura polaca hacía tres generaciones. La familia no tenía hábitos religiosos ni mantenía fielmente las tradiciones de los antepasados; sus integrantes no hablaban el idioma hebreo ni tampoco el ídish. El padre de Henryk, Josef Goldszmit, prestigioso abogado de vasta cultura, autor de libros de derecho, formó un hogar sostenido con importantes recursos económicos, situación ésta que permitió al niño y a su única hermana Arma gozar de una plácida niñez. La vida familiar le deparó no pocos sobresaltos, porque el padre era particularmente contradictorio y podía ser muy afectuoso y muy amigo de su hijo, acompañándolo en sus aventuras infantiles, o tratarlo con mucha hostilidad. La madre, Cecylia Ebicka -también proveniente de familia asimilada-, le dedicó afectuosa atención, pues el niño, habitualmente retraído, sentía mucha soledad, doloroso sentimiento acrecentado por no poder compartir plenamente su tiempo con otros chicos. Las noches le resultaban inquietantes, pues se sentía invadido por múltiples temores. La abuela lo atendía con gran ternura y decía del pequeño que era un filósofo. El padre no compartía esa visión y decía que era un papanatas e inclusive un idiota. Al fin de su vida, Korczak decía: «ambos, papá y abuelita, tenían razón por partes iguales, mitad y mitad». Su ingreso a la escuela primaria resultó particularmente traumático, porque la enseñanza se impartía solamente en idioma ruso y los métodos pedagógicos aplicados eran particularmente rigurosos. «Las escuelas en mis tiempos eran malas en general. Severidad y aburrimiento. Nada era permitido. Todo era ajeno, frío y sofocante», recordaba en su madurez, no pudiendo olvidar nunca los castigos corporales -azotes-que entonces se aplicaban para castigar a los niños.El padre de Henryk acusó trastornos mentales y, después de varias internaciones en centros hospitalarios psiquiátricos, falleció cuando el niño tenía 11 años. A los 18 años ingresó a la Facultad de Medicina de Varsovia, egresando en 1901. Los años que mediaron entre la muerte de su padre, en 1889, y la obtención de su diploma de médico fueron decisivos en su vida. Las primeras caminatas efectuadas por los barrios humildes de Varsovia -guiado por su padre que tenía especial predisposición por los problemas sociales- lo enfrentaro
n a una realidad muy distinta de la que vivía en su hogar. En esas calles sucias, ignoradas por los poderosos, conoció la miseria y la trágica realidad del hambre. La Varsovia de entonces mostraba su opulencia conformada por los mil rostros de su burguesía satisfecha, sus palacios, sus hermosas avenidas. También había barrios muy humildes, habitados por trabajadores que sufrían las consecuencias del desempleo. Era adolescente cuando dejó su hogar y eligió vivir en casa de los obreros. Allí pudo comprobar las tremendas privaciones de los modestos hogares, carentes de recursos para vivir dignamente, y sin posibilidad de atender a las necesidades básicas de los hijos, muchos de los cuales abandonaban el hogar para vivir en las calles. Enfrentaban así los infinitos riesgos que desde siempre ofrece la calle a quienes la transitan desde el abandono, el desdén y las rebeldías que surgen ante la ausencia de justicia. Estas experiencias le resultaron particularmente significativas, porque pudo comprobar la abismal distancia que separaba la clase social en la cual él había nacido y la realidad del trabajador, del proletario.¿Quién atiende a los niños abandonados ... ?, se preguntó el joven Henryk Goldszmit. La realidad de los barrios indigente s de Varsovia y las vivencias recogidas en los frentes de combate decidieron la vida de Korczak, porque a aquella pregunta (<<¿quién los atiende ... ?») respondió haciéndolo él, más allá de las posibilidades que tenía como joven médico integrante de una familia de prestigio intelectual con importantes vinculaciones sociales. Desplazó todo de su interés individual para dedicarse por completo a la atención de los niños que no tenían protección alguna.
n a una realidad muy distinta de la que vivía en su hogar. En esas calles sucias, ignoradas por los poderosos, conoció la miseria y la trágica realidad del hambre. La Varsovia de entonces mostraba su opulencia conformada por los mil rostros de su burguesía satisfecha, sus palacios, sus hermosas avenidas. También había barrios muy humildes, habitados por trabajadores que sufrían las consecuencias del desempleo. Era adolescente cuando dejó su hogar y eligió vivir en casa de los obreros. Allí pudo comprobar las tremendas privaciones de los modestos hogares, carentes de recursos para vivir dignamente, y sin posibilidad de atender a las necesidades básicas de los hijos, muchos de los cuales abandonaban el hogar para vivir en las calles. Enfrentaban así los infinitos riesgos que desde siempre ofrece la calle a quienes la transitan desde el abandono, el desdén y las rebeldías que surgen ante la ausencia de justicia. Estas experiencias le resultaron particularmente significativas, porque pudo comprobar la abismal distancia que separaba la clase social en la cual él había nacido y la realidad del trabajador, del proletario.¿Quién atiende a los niños abandonados ... ?, se preguntó el joven Henryk Goldszmit. La realidad de los barrios indigente s de Varsovia y las vivencias recogidas en los frentes de combate decidieron la vida de Korczak, porque a aquella pregunta (<<¿quién los atiende ... ?») respondió haciéndolo él, más allá de las posibilidades que tenía como joven médico integrante de una familia de prestigio intelectual con importantes vinculaciones sociales. Desplazó todo de su interés individual para dedicarse por completo a la atención de los niños que no tenían protección alguna.
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